Existe una diferencia entre desear y proponerse algo.
El
deseo es de naturaleza emocional. Consiste en aspirar o anhelar con
pasión el beneficio o disfrute de algo. Sin llevar a cabo ninguna
acción, sólo esperando que las cosas sucedan o dejen de suceder.
Por
el contrario, el propósito, conlleva la implicación activa de la
persona que dirige su ánimo e intención a la realización de las acciones
oportunas para el logro del objeto pretendido.
Pero, ¿qué sucede con aquellas personas que se proponen cosas y se esfuerzan una y otra vez por conseguirlas sin éxito?
Muchas
veces no es suficiente con pretenderlo y ponerse en acción. El éxito en
el logro de los objetivos depende de ciertos factores psicológicos que
se deben tener en consideración. Estos son algunos de los que pueden
intervenir:
· Tenerlo claro.
· La forma de pensar.
· Tolerancia al error.
· Flexibilidad.
· Imaginarlo.
· Sentirlo.
§ Tenerlo claro. Por
lo general, si le preguntas a alguien ¿qué quieres? Es fácil que te
responda ¿no lo sé? La mayoría de personas no tienen claro lo que
quieren en la vida. Y los que se hacen una idea, la tienen bastante
ambigua, abstracta o inespecífica. En estas condiciones es muy difícil
lograr los propósitos. Si la dirección no está clara las acciones serán
imprecisas y por lo tanto con facilidad pueden resultar erróneas. No es
lo mismo querer cambiar de domicilio que decidir comprarse una casa en
una playa de Samaná-República Dominicana.
§ La forma de pensar. Disponemos
de dos estrategias básicas de pensamiento. Estas formas elementales que
utilizamos comúnmente para enfrentarnos a los problemas y consecución
de objetivos son: evitar lo negativo (sufrimiento) y buscar lo positivo
(placer). El que se esfuerza denodadamente y hace lo necesario por
alcanzar sus metas sólo piensa en lo bueno que va a obtener cuando lo
consiga, está utilizando la opción de buscar lo positivo. Estas personas
mantienen una actitud activa, dinámica y motivada. Sin embargo, si se
opera en evitación del sufrimiento la actitud suele ser pasiva, apática,
negligente y de desgana. Son las personas que se proponen algo y a la
menor dificultad lo abandonan porque el esfuerzo que deben realizar les
puede llegar a suponer un sacrificio casi doloroso. Generalmente, las
personas se especializan en una de las dos y la usan en detrimento de la
otra. Lo ideal es poder optar deliberada y conscientemente por una u
otra según convenga ya que ambas se encuentran en todos nosotros.
§ Tolerancia al error. Es bastante frecuente que después de n
intentos se arroje la toalla y abandone todo empeño decidiendo que se
ha fracasado. La experiencia de fracaso puede llegar a producir en la
persona un bloqueo insuperable. Colocarse la etiqueta “he fracasado”
puede llegar a ser bastante peligroso. Implica cerrar las puertas a un
aprendizaje e inculcarse limitaciones mentales. El fracaso no existe.
Sólo existen resultados diferentes a los esperados. Mientras sigas
probando a hacer algo diferente, seguirás obteniendo nuevos resultados.
Independientemente de si son los que te conducen a donde quieres o no.
Por lo tanto si compruebas que algo no funciona, ¡cambia! Y haz otra
cosa diferente. Si haces lo mismo una y otra vez, con seguridad
obtendrás el mismo resultado. Esto puede llevarte a creer que no es
posible. Comprender esta idea te puede ayudar a comprender y afrontar
con serenidad los errores. Cada error que se comete acorta el camino
para el logro de objetivos futuros, ya que se aprende lo que no hay que
hacer.
§ Flexibilidad. Cuando
nos proponemos conseguir algo mantendremos una actitud de atención
permanente para chequear si nos estamos aproximando a la meta o no. Si
nos damos cuenta de que no vamos por el camino correcto porque no se
está produciendo cambio alguno necesitaremos flexibilizarnos para
realizar las acciones que nos reconduzcan a nuestro fin. Puede resultar
muy útil, cuando se quiere algo, pensar en los posibles problemas que
puedan surgir durante el proceso y cómo se resolverán.
§ Imaginarlo. “La imaginación es más poderosa que la razón.”
Esto es así porque las imágenes se transmiten directamente a la mente
subconsciente. Si mantenemos en la mente la imagen de lo que queremos
lograr es como si le estuviésemos dando la orden a nuestra mente de que
actúe en esa dirección. Y lo va a hacer. Enviando las señales a través
del sistema nervioso. Haz la prueba, cierra los ojos y trae a tu mente
la imagen de un primer plano de tu plato preferido. Vuelve a cerrar los
ojos e imagina una escena de sexo. Qué sucede en tu cuerpo. Lo que
imaginamos tiende a hacerse realidad.
§ Sentirlo. Permítete
experimentar y sentir la emoción de placer que te proporciona imaginar
que logras lo que pretendes y todos los efectos positivos que te traerá.
Te proporcionará la energía y empuje necesarios para superar cualquier
dificultad.
En resumen:
1- Escribe lo que quieres específicamente con el menor número de palabras posible.
2- Piensa en todos los beneficios, ganancias y placer que obtendrás cuando lo tengas.
3- Si algo no funciona cambia y haz algo distinto.
4- Comprueba si te acercas o alejas.
5- Mantén constantemente la imagen mental de ti mismo teniendo lo que quieres.
6- Siente la emoción de placer que te produce imaginar todo lo que te proporcionará su consecución.

No hay comentarios:
Publicar un comentario